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4 principales indicadores de pobreza energética en España

¿Cómo saber cuál es la mejor política para acabar con la pobreza energética? ¿Cuál es la situación actual?¿Qué relación tiene la vulnerabilidad energética con la calidad de las viviendas, la situación socioeconómica o los precios de la energía? ¿Afecta más a hombres o mujeres? ¿A familias o a personas que viven solas? Todas estas preguntas -y muchas más- son imprescindibles para abordar de manera correcta y eficiente la pobreza energética en nuestro país.

Los datos, que tan impersonales nos parecen, son a menudo la fotografía más exacta de la situación. Acercarnos a esta fotografía nos permite tomar las decisiones políticas más idóneas en base a unos indicadores que nos facilitarán ver la evolución de la situación y comprobar la utilidad de las políticas que se tomen o la necesidad de corregirlas.

La Estrategia Nacional contra la pobreza energética

Con el objetivo de establecer unas bases para lograr un diagnóstico comprensivo y transversal de la pobreza energética, el Gobierno aprobó en abril de 2019 la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética (2019-2024). La Estrategia integra instrumentos nacionales e internacionales como:

Cuatro indicadores de pobreza energética

La Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética definió, entre otras cosas, qué se debía medir para poder conocer la situación y la evolución de la pobreza energética en nuestro país. Se decidió adoptar los cuatro indicadores primarios propuestos por el Observatorio Europeo de Pobreza Energética (EPOV)  -dos de ellos, basados en el enfoque de gastos e ingresos del hogar, y otros dos, en el enfoque de percepciones y declaraciones del hogar-.

  1. Porcentaje de población con gastos desproporcionados (2M): indicador que mide el porcentaje de población para el que los gastos reales en energía doméstica están dos veces por encima de la media.
  2. Pobreza energética escondida (PEE o HEP, por sus siglas en inglés): indicador que mide el porcentaje de población para el que el gasto total en energía doméstica está por debajo de la mitad de la media nacional.
  3. Porcentaje de población que se declara incapaz de mantener la vivienda a una temperatura adecuada (indicador de la Encuesta de Condiciones de Vida -ECV-).
  4. Porcentaje de población que declara retrasos en el pago de las facturas de la vivienda (indicador ECV).

datos ingresos gastos

¿Y de dónde se obtienen todos estos datos?

Los datos se obtienen de dos encuestas elaboradas anualmente por el Instituto Nacional de Estadística (INE): la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) -que nos informa sobre los indicadores 3 y 4- y la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) -que nos informa de los indicadores relacionados con los gatos e ingresos del hogar-.

Además de los cuatro indicadores primarios de los que os hemos hablado en el apartado anterior, también existen una serie de indicadores secundarios. Entre ellos, se encuentran indicadores asociados a precios de diferentes combustibles, precios aplicados a consumidores finales domésticos de electricidad, riesgo de pobreza, así como otros ligados a características de la vivienda. El cálculo de los indicadores secundarios no depende de un único organismo, por lo que es preciso que el organismo encargado de su análisis y publicación, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), identifique los organismos responsables de su cálculo y solicite su remisión anual.

EPIU Getafe, en la lucha contra la pobreza energética

Para el proyecto EPIU Getafe Hogares Saludables el análisis de datos es un fase esencial, ya que pretendemos identificar y reducir la pobreza energética en el municipio de Getafe, a través del desarrollo de un sistema de análisis de datos -basado en big data-, llamado Unidad Inteligente de Pobreza Energética (EPIU).

Con EPIU recopilaremos información sobre el consumo de energía, los ingresos y otros factores que miden el gasto energético de los hogares en los barrios de Las Margaritas y La Alhóndiga. A partir de esa información, podremos diseñar medidas adaptadas a tres escalas: hogar, edificio y barrio, según el grado de vulnerabilidad.

De esta forma, podremos cuantificar y cualificar la vulnerabilidad energética de las viviendas, ofreciendo una comprensión más profunda del problema actual, pudiendo definir las mejores intervenciones públicas.

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