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Iamgen de una factura de electricidad

Cómo leer la factura eléctrica y ahorrar energía

Cuando Fundación Naturgy se planteó el programa de voluntariado energético, una de las primeras cuestiones que las entidades sociales nos pusieron sobre la mesa fue la dificultad, cuando no imposibilidad, de entender la factura eléctrica y de gas que recibimos en nuestras casas.

Al comprar una bombona de butano, un producto regulado también, en la factura aparece el precio y el IVA, nada más. No es así en la de electricidad o del gas, donde el exceso de celo informativo ha llevado al regulador europeo, y por tanto también al nacional, a incluir el desglose de diferentes conceptos, como la materia prima, el flete o el margen de comercialización, lo que hace difícil de entender la factura. 

¿Qué información nos da la factura?

Cuando llega el recibo a casa, ya sea por internet o en papel, los consumidores reaccionan de forma desigual. Hay quién ni siquiera la abre, por miedo o por desinterés; pero la mayoría, que sí lo hace, va directamente a ver el total a pagar. Por eso se reguló que este importe estuviera en un lugar destacado. Hay clientes que miran los kilovatios/hora consumidos, pero nunca he visto una encuesta que diga qué tanto por ciento de consumidores atienden al resto de información, a no ser que hayan tenido una incidencia (y entonces buscan el teléfono de averías) o una discusión familiar sobre la generación eléctrica (y entonces buscan las emisiones del mix de producción).

Sea como fuere, cuando el voluntariado energético de Fundación Naturgy asesora a los beneficiarios del programa, lo primero que decimos que hay que mirar, si no se conoce, es la compañía comercializadora que te suministra el servicio. El logo y el nombre suelen estar en la parte superior izquierda de la factura.

¿Mercado regulado o libre?

Además del nombre de la comercializadora, es importante saber si esta compañía opera en el mercado regulado o en el liberalizado. La diferencia está en que en el mercado regulado todas las compañías ofrecen el mismo precio, según la fórmula definida por el Gobierno, mientras que, en el libre, cada comercializadora ofrece sus productos o servicios al precio que estima más oportuno. Para el usuario, la principal diferencia es que en el mercado regulado el precio horario se traslada directamente a los clientes, con sus subidas y bajadas, mientras que en el mercado libre, normalmente, el precio es constante todos los días y todo el año. Un buen lugar para analizar ofertas es el comparador de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia

Potencia contratada y discriminación horaria

La segunda recomendación que nuestro voluntariado hace es que se mire cuál es la potencia contratada. Dado que el uso eléctrico en las viviendas, y también los electrodomésticos, cambian a lo largo del tiempo, es conveniente revisarla cada ciertos años. Nosotros solemos decir que, si nunca ha saltado el diferencial, se puede pensar que hay demasiada potencia contratada. Con los contadores inteligentes, la potencia ha dejado de ser normalizada y se puede contratar justo la que se necesite. Lo que es importante saber es que ha de mantenerse durante todo un año antes de volver a hacer cualquier modificación.

Y el último consejo de nuestros voluntariado energético es que se analice la discriminación horaria. Vale la pena conocer el consumo que tenemos y ajustar el precio que pagamos a lo largo del día para aprovechar las horas en las que la electricidad es más barata. Esto, además, favorece que la curva de demanda del país se aplane y se utilicen mejor las instalaciones de generación, lo que redunda en beneficio de todos.

Con una contratación ajustada según lo expuesto, más un uso eficiente de la energía -que puede ser motivo de otra entrada en este blog-, el ahorro en nuestras facturas energéticas puede ser significativo.

 

Autora: Ester Sevilla, directora de proyecto sociales de Fundación Naturgy

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