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Eliminar la pobreza energética permitirá que también contaminemos mucho menos

La lucha contra la pobreza energética supone evitar que las familias sufran carencias en la cantidad de consumo energético que requieren. En EPIU Getafe Hogares Saludables, hemos comprobado y hemos contado en nuestro blog que esta problemática puede tener muchas caras. Desde algunas muy evidentes, como hogares donde no se puede encender la calefacción, a otros, donde de forma mucho más soterrada, se da lo que llamamos pobreza energética escondida, aspecto más desconocido e invisible donde, precisamente, ponemos el foco en nuestro proyecto en Getafe.

Sin embargo, se podría pensar que si una familia consigue superar una situación de pobreza energética, y entra en el consumo general, tenderá a consumir más energía y, por lo tanto, a producir más emisiones. Es decir, que si perseguimos salir de la pobreza de manera global, esto redundará en un mayor gasto energético sí o sí. Pues bien, cada vez está más claro que gracias a las mejoras en eficiencia energética y la educación en gasto y consumo responsable, esto no es así.

La investigadora Marta Baltruszewicz, de la Universidad de Leeds, quien ha recorrido varios países para sacar sus conclusiones, demuestra esta premisa en su última investigación.

Tras viajar a Nepal, Vietnam y Zambia descubrió lo contrario: al reducir la pobreza y resolver la carencia de consumo, se conseguía que esos hogares en países en desarrollo también produjeran menos emisiones. Las conclusión de Baltruszewicz es que la pobreza no es solo una cuestión de ingresos: consiste en múltiples privaciones.

Pobreza energética, mayor consumo de energía

Su estudio de casos concretos en Nepal, Vietnam y Zambia pretendía responder a dos preguntas: ¿qué se necesita para que la gente de países en desarrollo viva bien, y cuánta energía se requiere para ello? Estudiaron cómo se utilizan los recursos, por quién, con qué finalidad y con qué efectos sobre la pobreza, y se centraron en las privaciones relacionadas con el acceso al agua potable, los alimentos, la educación básica y combustibles y medios para acondicionar la temperatura y confort de sus casas.

Por medio de múltiples encuestas en esos países vincularon los gastos de los hogares con los datos energéticos de la Agencia Internacional de la Energía, calculando la huella energética de cada hogar, que incluye la energía utilizada directamente por los hogares en casa (como la electricidad o la leña para cocinar en países sin cocinas modernas) o fuera de ella (la gasolina para conducir), así como la energía indirecta incorporada a los bienes y servicios consumidos por el hogar.

Descubrieron que los hogares que tienen acceso a combustibles limpios, luz en sus casas y agua potable -es decir, los que no se encuentran en situación de pobreza extrema y que pueden mantener sus casas en condiciones energéticas medianamente buenas- pueden consumir hasta la mitad de energía que la media nacional de su país.

Combustibles menos eficientes y más contaminantes

Este dato es importante, ya que va directamente en contra del argumento que se suele utilizar sobre que  se necesitarán más recursos y energía para que los habitantes de los países en desarrollo salgan de la pobreza extrema. El factor más importante es el cambio de los combustibles tradicionales para cocinar, como la leña o el carbón vegetal, por la electricidad y el gas, más eficientes y menos contaminantes.

Los investigadores explican que en Zambia, Nepal y Vietnam, los recursos energéticos modernos están distribuidos de forma extremadamente injusta, más que los ingresos, el gasto general o incluso el gasto en ocio. Como consecuencia, los hogares más pobres utilizan más energía ‘sucia’ que los más ricos, con las consiguientes consecuencias para la salud y el género. Cocinar con combustibles ineficientes consume mucha energía, aún más cuando hay que hervir el agua antes de beberla.

El estudio también afianza que el dinero o los ingresos por hogar no es el único indicador que se debería tener en cuenta para medir la pobreza, sino también el acceso a consumos energéticos saludables.

¿Los hogares con mayores ingresos y más dispositivos tienen más posibilidades de salir de la pobreza? Algunos sí, pero tener mayores ingresos y teléfonos móviles no es ni requisito ni garantía de tener las necesidades básicas satisfechas. Los hogares más ricos, sin acceso a la electricidad o al saneamiento, no se libran de tener niños desnutridos o problemas de salud por usar carbón vegetal. «Irónicamente, para la mayoría de los hogares es más fácil conseguir un teléfono móvil que un combustible limpio y no contaminante para cocinar», explica la investigadora. Por lo tanto, medir el progreso a través de los ingresos de los hogares conduce a una comprensión incompleta de la pobreza y sus privaciones.

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