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Así es el mapa de la pobreza energética en Europa

Hablar de pobreza energética supone, por desgracia, hablar de un problema global, que puede ser atajado localmente, como pretendemos desde EPIU Getafe Hogares Saludables, donde pretendemos extraer información y conocimientos que puedan ser aplicados en otros territorios.

Y es que, si nos fijamos en el mapa europeo ofrecido por Eurostat, la base de datos estadística de la Unión Europea (UE), nos damos cuenta de que nuestros vecinos también cuentan con la pobreza energética como un problema recurrente.

En concreto, en España, el porcentaje de hogares españoles con imposibilidad de calentar su casa adecuadamente se eleva al 10,9 %, un porcentaje que nos sitúa por encima de la media europea, que está en un 8,2 %.

Bulgaria y Austria, las dos caras de la moneda

Pobreza energética en Europa. Fuente: Eurostat
Pobreza energética en Europa. Fuente: Eurostat

 

La situación varía mucho entre los Estados miembros de la UE. Los ciudadanos europeos que declaran mayores dificultades afirmando no poder calentar su casa se encuentran en Bulgaria (27,5 %). El siguiente estado con mayor penetración de la pobreza energética es Lituania (23,1 %), seguido de Chipre (20,9 %) y Portugal y Grecia (ambos en el entorno del 17 %).

En el lado opuesto, apenas un 1,5 % de los austríacos y un 1,8 % de los finlandeses asegura que no puede mantener su hogar caliente, los porcentajes más bajos de toda la UE.

Si trasladamos estos porcentajes a número de personas, los datos del Observatorio de Pobreza Energética de la UE indican que el número estimado de ciudadanos pobres en energía en la Unión Europea varía entre 50 y 125 millones de personas.

El contexto actual de elevación de los precios de la energía ha podido agravar este problema. De una forma u otra, el mapa de la pobreza energética en Europa muestra una región dividida en la que se solapan dos realidades muy diferentes: por un lado, un grupo de países al sur y al este, donde la incidencia de este problema es especialmente alta. Por otra parte, los Estados del centro y del norte de la Unión, donde el porcentaje de población que no puede mantener su hogar a una temperatura adecuada rara vez supera la media comunitaria del 8 %.

El porcentaje de población que no puede calentar su hogar de forma adecuada es uno de los índices más usados para acercarse al problema de la pobreza energética, pero no el único, según el Observatorio Europeo de Pobreza Energética (EPOV). Otros dos están basados en el enfoque de gastos e ingresos del hogar, y otros dos, en el enfoque de percepciones y declaraciones del hogar.

Estos índices son los siguientes:

  • Porcentaje de población con gastos desproporcionados (2M): indicador que mide el porcentaje de población para el que los gastos reales en energía doméstica están dos veces por encima de la media.
  • Pobreza energética escondida (PEE o HEP, por sus siglas en inglés): indicador que mide el porcentaje de población para el que el gasto total en energía doméstica está por debajo de la mitad de la media nacional.
  • Porcentaje de población que se declara incapaz de mantener la vivienda a una temperatura adecuada (indicador de la Encuesta de Condiciones de Vida -ECV-).
  • Porcentaje de población que declara retrasos en el pago de las facturas de la vivienda (indicador ECV).

Si quieres conocer más sobre estos indicadores y cómo se obtienen, te los desgranamos en este artículo.

EPIU, combatiendo la pobreza energética desde lo local

Para el proyecto EPIU Getafe Hogares Saludables, el análisis de datos es una fase esencial, ya que pretendemos identificar y reducir la pobreza energética en el municipio de Getafe, a través del desarrollo de un sistema de análisis de datos -basado en big data-, llamado Unidad Inteligente de Pobreza Energética (EPIU, por sus siglas en inglés).

Con EPIU recopilaremos información sobre el consumo de energía, los ingresos y otros factores que miden el gasto energético de los hogares en los barrios de Las Margaritas y La Alhóndiga-Fátima. A partir de esa información, podremos diseñar medidas adaptadas a tres escalas: hogar, edificio y barrio, según el grado de vulnerabilidad.

De esta forma, podremos cuantificar y cualificar la vulnerabilidad energética de las viviendas, ofreciendo una comprensión más profunda del problema actual, pudiendo definir las mejores intervenciones públicas.

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