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Reflexiones a raíz del análisis de las medidas para combatir la pobreza energética en diversos países de Europa

La voluntad unánime de defender unos derechos energéticos básicos que permitan garantizar una vida saludable y digna entre la ciudadanía ha posicionado la lucha contra la pobreza energética en la configuración del nuevo modelo energético europeo basado en la descarbonización, la sostenibilidad y el empoderamiento de los consumidores como actores claves de una transición energética justa.

Sin lugar a duda, la coyuntura económica actual -de crisis económica, altos precios de la energía y la guerra en Ucrania-, ha logrado tener todavía más presente la problemática de la pobreza energética y sus consecuencias convirtiendo la energía en un vehículo imprescindible para la participación social.

A pesar de avanzar hacia unas políticas energéticas europeas donde la idea de la defensa de los derechos energéticos de la ciudadanía se está conformando como visión dominante para mitigar la pobreza energética, no existe una solución común en toda la Unión Europea.

Para entender las claves del problema hay que dominar los tres elementos básicos que giran en torno a la pobreza energética: identificación, causas y consecuencias.

Actualmente, la pobreza energética es entendida como aquella situación en la que se encuentra un hogar cuando no puede acceder a una cantidad de servicios energéticos adecuados y suficientes para el desempeño de una vida digna y a precios razonables, lejos ya de los planteamientos iniciales donde primaba la posibilidad de calentarse en invierno.

Una primera conclusión del estudio ha sido la constatación de la enorme dificultad de la identificación de los que padecen tal problema puesto que pasar de los indicadores macro a la familia en concreto demuestra ser una tarea complicada.

En cuanto a las causas, paralelamente a los factores de ingreso, la pobreza energética como problema multidimensional también se encuentra estrechamente relacionada a otro tipo de factores vinculados al gasto que incluyen el nivel de eficiencia energética de los hogares y los precios de la energía.

A esto se le debe añadir la falta de formación de las familias vulnerables en cuanto a consumidores, muy lejos del empoderamiento que pretende la regulación europea.

La Unión Europea ha posicionado el objetivo de la eficiencia energética como uno de los ejes primordiales de la estrategia energética europea -y, en particular, la rehabilitación como medida estrella- y en este sentido muchas iniciativas en los diferentes países van en esta línea, pero no hay resultados todavía masivos y contundentes.

Reflexiones generales

Más que entrar en las medidas concretas de cada país que se encuentran en el estudio de referencia, se incluyen aquí algunas reflexiones generales a raíz de su análisis:

  • Necesidad de homogeneizar criterios para cuantificar la pobreza energética, puesto que la falta de esta homogeneidad dificulta de manera significativa la comparativa de los resultados obtenidos a partir de las distintas soluciones aplicadas en cada uno de los Estados miembros. En concreto:
  • Fomentar el acceso a una información armonizada, relevante, sistematizada y actualizada sobre el fenómeno de la pobreza energética.
  • Aprovechar el potencial que ofrece la tecnología de medición, de las tecnologías de la información y el análisis de consumo energético como base de información.
  • Favorecer la implementación de medidas estructurales con repercusión a medio y largo plazo.
  • Homogeneizar la gestión de la información con una mayor coordinación e interacción entre entidades públicas, privadas y sociales, fomentando a su vez la coordinación entre ellos para que la relación sea fluida y transparente.
  • Fomentar el cumplimiento de estándares de máxima eficiencia energética y promover el autoconsumo y las comunidades energéticas en los edificios (simplificando de manera significativa la burocracia).
  • Evitar que las actuaciones de mejora de la eficiencia energética sean una carga económica más para los hogares vulnerables, lo que impide en no pocas ocasiones que las familias vulnerables accedan a ayudas.
  • Establecer mecanismos de financiación viables adaptados a las circunstancias de los hogares vulnerables.
  • Mejorar los hábitos de consumo energético entre la población objetivo de las políticas.
  • Incluir baremos climáticos entre los elementos de valoración de intensidad de la pobreza energética.
  • Implementar certificados energéticos para identificar la magnitud del problema. Esta medida se deberá realizar sin que suponga un costo elevado del proyecto (situación que no es lo que ocurre actualmente).
  • Minimizar el uso de actuaciones centralizadas o de corte generalista, puesto que las medidas deben ser lo más adecuadas posibles a la realidad socioeconómica y al tipo de vivienda de los hogares vulnerables.
  • Reducir los procesos administrativos de solicitud complejos por aquellos de mayor simplicidad.
  • Mejorar la comunicación entre organismos públicos, privados y sociales para lograr un tratamiento homogenizado de la información.
  • Independientemente de la aproximación (de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba) es vital que las medidas reconozcan la naturaleza pluridimensional de la problemática.
  • Incrementar la participación de agentes sociales de proximidad en las medidas de ingreso y gasto.
  • Dotar a las iniciativas conductuales de más recursos financieros.

 

Autora: Ester Sevilla García, directora de Proyectos Sociales e Internacional de Fundación Naturgy.

Basado en el estudio “Pobreza energética en Europa. Un análisis comparativo” elaborado por la Cátedra de Sostenibilidad Energética de la Universidad de Barcelona, dirigido por María Teresa Costa Campi y publicado por Fundación Naturgy en 2020.

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