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Cómo debemos actuar para rehabilitar de forma exprés una vivienda y hacerla energéticamente eficiente

Una de las medidas con mayor eficacia para minimizar el impacto de la pobreza energética es la rehabilitación exprés de viviendas. Su objetivo es avanzar hacia posibles mejoras en las condiciones de bienestar térmico y la reducción del consumo energético en climatización de las viviendas habitadas por familias en situación de pobreza o vulnerabilidad energética, con soluciones de bajo coste, de aplicación rápida y sencilla, que mejoren las condiciones de confort de estas personas.

La actividad que realiza Fundación Naturgy en este sentido, parte del estudio «RE-habilitación exprés para hogares vulnerables. Soluciones de bajo coste», encargado a un equipo de arquitectas de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y dirigidas por Margarita de Luxán, arquitecta española y catedrática Emérita de la UPM, reconocida experta en eficiencia medioambiental y arquitectura bioclimática. Después de hacer una caracterización de la pobreza energética y monetaria en cuatro ciudades españolas con diferente climatología (A Coruña, Barcelona, Madrid y Sevilla), en esta investigación se proponen más de 75 medidas de rehabilitación exprés y se analiza el impacto de su aplicación.

75 medidas para la rehabilitación exprés de una vivienda y hacerla eficiente energéticamente

El consumo energético de las viviendas está directamente relacionado con las condiciones climáticas. Un diseño adecuado de las edificaciones, adaptado al clima en el que se ubican, reduce el consumo de energía necesaria para mantener el bienestar. Para seleccionar las estrategias pasivas de diseño adecuadas en las viviendas es necesario conocer las características del clima en relación a la edificación. De esta manera existen estrategias propias de los meses fríos, como la captación solar, las ganancias internas y la calefacción convencional; y estrategias para los meses cálidos, como la protección solar o la ventilación nocturna.

Por otro lado, los costes de calefacción y refrigeración asociados a las viviendas corresponden a la cantidad de energía necesaria para mantener unas condiciones mínimas de habitabilidad térmica y suelen representar el gasto más importante, especialmente en los meses fríos.

El uso de un sistema de calefacción convencional implica necesariamente un consumo energético y, dado el perfil socio-económico de las familias en situación de vulnerabilidad energética, habría que minimizar su utilización mediante la implementación de medidas pasivas, como la mejora de la envolvente de la vivienda (paramentos, acristalamientos y carpintería, techos y suelos) o la reducción de infiltraciones.

En ese sentido, la composición y características del muro existente condicionan las soluciones de incorporación de aislamientos y, por tanto, la capacidad de utilizar esta estrategia en las viviendas. Sin embargo, algunas de las medidas pasivas son de aplicación en casi todas las localidades estudiadas, como la protección solar, ventilación, aprovechamiento de la inercia térmica, enfriamiento evaporativo y deshumidificación, aunque en cada localidad, el nivel de necesidad es muy diferente.

De Sevilla a A Coruña en busca de eficiencia energética accesible

Por ejemplo, en una ciudad como Sevilla, se triplica el porcentaje de horas con necesidad de sombra respecto a las ciudades del norte como A Coruña (en la que es muy reducido); o en Barcelona, la necesidad de ventilación natural y mecánica es el doble que en Madrid.

Otro aspecto fundamental es el tratamiento de los huecos frente a la protección solar durante los meses más calurosos (que varían según la localidad), principalmente en localidades como Sevilla, Madrid y Barcelona.

Hay que tener especial cuidado en el diseño de dichas protecciones, que deben permitir el paso sin obstrucciones de la radiación solar en los meses de invierno y también en algunos meses de primavera u otoño, ya que una de las estrategias que reducen el consumo de energía es la captación solar en los meses en los que resulta necesaria.

En ese sentido, una protección fija que sombree todo el hueco en los meses estivales no debe impedir el acceso solar en algunos meses intermedios, donde la captación solar sigue siendo necesaria. Por ese motivo, puede ser recomendable el uso de elementos de sombra fijos y móviles. Para no errar en las decisiones de diseño, es aconsejable tener un claro conocimiento del contexto físico, climático, socio-económico y urbano en el que se encuentra el edificio y la vivienda en concreto, para poder implementar medidas eficaces a lo largo del año.

El carácter de las intervenciones de bajo coste y rápida ejecución para las viviendas requiere de soluciones que cumplan una serie de requisitos como, por ejemplo, que su puesta en obra sea rápida y que preferentemente se puedan realizar desde el interior de la vivienda, para no afectar a los elementos comunes. También, que no sea preciso la solicitud de licencia de obras, o incluso los permisos de la comunidad de propietarios.

Teniendo en cuenta que las transferencias térmicas se producen a través de la envolvente, las soluciones se clasifican en: fachada, suelos, cubiertas, carpintería y vidrios y protecciones solares.

Junto con las diversas circunstancias climáticas, se ponen de manifiesto importantes diferencias debidas a las distintas posiciones relativas de las viviendas dentro de cada bloque. Así, las viviendas situadas en las plantas bajas y últimas presentan las peores condiciones de habitabilidad en condiciones de invierno, mientras que son las últimas plantas las que sufren un mayor sobrecalentamiento en el período de verano.

En Madrid también lo son, sobre todo, en las viviendas más expuestas (plantas superiores), donde las demandas se reducen hasta en una tercera parte respecto a las iniciales durante los meses más fríos y a menos del 50%, en los meses más cálidos.

Manos a la obra

¿Y por dónde empezamos? En el caso de querer acometer una rehabilitación y no disponer de fondos para abordar una rehabilitación integral, como hemos visto, debemos comenzar con aquellas medidas que, en cada localización, cada tipo de vivienda y cada orientación proporcionen el mayor confort y ahorro, y así utilizar el presupuesto disponible de la forma más eficiente posible. Según los estudios, la rehabilitación exprés supondría un  ahorro anual para las familias que oscilaría entre los 300 y los 650 euros, en función de la posición de la vivienda y la localidad. Los mayores ahorros se producen en los climas más severos en invierno y verano, como es el caso de Madrid.

Según los estudios, la rehabilitación exprés supondría un ahorro anual para las familias que oscilaría entre los 300 y los 650 euros

Una de las dificultades para el análisis de la inversión en rehabilitación en hogares vulnerables es que tiene sentido un análisis de retorno de la inversión económica de mejora de la vivienda, ya que no es posible estimar el ahorro económico cuando la situación inicial es que apenas se produce gasto. Por ese motivo, para un correcto análisis es necesario evaluar las temperaturas interiores de las viviendas antes y después de la aplicación de las soluciones, en condiciones pasivas, sin hacer uso de los sistemas de climatización. De esta manera, es posible estimar el bienestar interior en la situación más desfavorable, en la que los hogares no pueden permitirse encender la calefacción o la refrigeración.

Los datos son distintos para cada localidad, pero en todas ellas se observa que, tras la intervención exprés, en invierno disminuyen, incluso desaparecen, las temperaturas inferiores a umbrales, por ejemplo, de 10°C en el interior de la vivienda y aumenta el porcentaje de tiempo en el que la vivienda está a una temperatura superior a los 18,5°C. En el caso del verano, se reduce el periodo de tiempo en el que la temperatura se encuentra por encima de los 29°C, especialmente en las viviendas situadas en última planta.

Podríamos concluir que el impacto de la intervención exprés siempre resulta positivo sobre la situación de vulnerabilidad energética de las familias desde dos perspectivas: por un lado, los cambios en la relación entre gasto en energía para mantener las situaciones de bienestar y la renta anual media equivalente, según la metodología descrita anteriormente; y, por otro, la modificación del número de horas en bienestar y el porcentaje de horas en cada rango de temperatura antes y después de la intervención.

Autora:  Ester Sevilla García, directora de Proyectos Sociales e Internacional de Fundación Naturgy.

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