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Certificado Eficiencia Energetica

Más que un trámite: Sácale partido a la certificación energética de tu vivienda

Parece que fue ayer, pero desde su publicación en el Real Decreto 235/2013, de 5 de abril, si eres propietario de una vivienda, y quieres alquilarla o venderla, debes presentar su certificación energética a los futuros compradores o arrendatarios.

Pero al margen de la obligación legal, ¿por qué debería pagar el coste de un informe que no es para mí?

Hay muchas razones para hacerlo, porque conocer el certificado energético de tu vivienda es mucho más que un mero trámite administrativo.

Sabemos dónde vives

No siempre hemos exigido lo mismo a las viviendas en las que habitamos. En los años 60, a una vivienda de obra nueva se podía exigir poco más que tuviera cuatro paredes y un techo (y un suelo, naturalmente).

No es raro ver hoy en día, en ciertas zonas más antiguas de nuestras ciudades, edificios sin aislamiento térmico en las fachadas, sin calefacción o incluso sin ambas. Las que sí lo tienen son fruto de reformas posteriores a su ejecución, muchas veces ejecutadas de manera deficiente y con rendimientos muy pobres.

Estas son precisamente las viviendas predominantes en los barrios de Las Margaritas y La Alhóndiga-Fátima, que están dentro del ámbito del proyecto EPIU Getafe Hogares Saludable del Ayuntamiento de Getafe.

No fue hasta 1979 cuando, con la llegada de la Norma Básica NBE-CT-79 sobre condiciones térmicas en los edificios, se mostró una tendencia clara por parte de la sociedad de mejorar la construcción de sus viviendas. Se redactó y consensuó entre un sector público comprometido y un sector privado con interés en mejorar sus productos.

Sabiendo que difícilmente se podía mejorar el parque de viviendas existente, sí se podía definir por ley cómo deberían ser los proyectos de vivienda para que las condiciones de confort en sus interiores alcanzasen unas cotas mínimas de temperatura, humedad y permeabilidad al aire.

Imagen del certificado energético

Ya no se podían proyectar fachadas sin aislar, las viviendas tenían que tener una instalación de calefacción y las ventanas debían cumplir ciertas características para permitir que fuesen construidas.

Tuvimos que esperar hasta el 17 de marzo del 2006 para que se aprobara el Código Técnico de la Edificación (CTE), que sería otra normativa de obligado cumplimiento, afectando esta vez a las prestaciones de los edificios respecto a la calidad de sus materiales, accesibilidad, seguridad estructural e incendios, salubridad y, cómo no, ahorro de energía.

Incluso la CTE inicial se endurecería progresivamente en sus versiones de 2013 y 2019.

Puede que hayas oído muchas veces la frase “ya no se construye como antes”, y es que es verdad. Ahora ya sabes por qué.

¿Y qué tiene que ver esto con las certificaciones energéticas? Te preguntarás

La razón es que lo primero que se considera al realizar la certificación energética es la normativa bajo la cual fue construida, porque sabiendo si el año de construcción de la vivienda es anterior o posterior a 1979, 2006 o 2013, te puedes hacer una idea de cómo es esa vivienda que vas a comprar o alquilar a nivel de confort higrotérmico, costes de calefacción o incluso de mantenimiento, con solo una pregunta.

Certificado Energético

 

Naturalmente, elegir dónde vas a vivir no puede fiarse a una sola pregunta, así que: ¿por qué no disponer de un informe competo? Eso es la certificación energética.

El ‘cómo’, el ‘cuánto’ y el ‘qué’ de una certificación energética

En este punto debes saber que no hay un precio oficial para los certificados energéticos. Cada técnico certificador lo fija en función de múltiples factores. Encargar varias certificaciones de un mismo edificio puede suponer el ahorro más importante, pero cuando te ofrezcan certificaciones energéticas por 50€, piensa que esto es lo que debería realizar un técnico habilitado para ello antes de entregarte el documento final:

1. Obtener datos catastrales de la vivienda.

2. Realizar una inspección de la vivienda que dura sobre una hora e incluye: 

– Mediciones de la vivienda para calcular superficies de todos los paramentos y fachadas, así como su composición.

– Detallar el número, dimensiones, materiales y composición de las ventanas.

– Reflejar los tipos de instalaciones, tecnología, rendimiento, potencia y combustible utilizados.

3. Calcular las sombras que arrojan los edificios cercanos sobre las fachadas y patios de la vivienda.

Y, al final, volcar todos estos datos en una aplicación informática, extraer los documentos oficiales y realizar el registro y pago de tasas (que varía en función de la superficie de la vivienda).

Además de arquitectos y arquitectos técnicos, solo ingenieros e ingenieros técnicos, entre otros, son los profesiones habilitados para la redacción de estos informes.

Profesionales que usarán su experiencia y conocimiento para realizar un informe fiel a la realidad y exhaustivo en su redacción. Así que: ¿por cuánto harías tú este trabajo?

¿Es solo una etiqueta?

No. Es mucho más.

No te dejes deslumbrar por los colores de la etiqueta energética, tampoco te preocupes si no entiendes los datos que aparecen junto a las letras que definirán tu casa a partir de ese momento. La información más relevante no está ahí.

Fachada

En la etiqueta energética aparece cuál es la demanda en KW/h o cuántos Kg. de CO2 se emiten por metro cuadrado de vivienda y año. Estos datos pueden ser engañosos, ya que son datos estadísticos fruto de la comparación de tu vivienda con viviendas similares.

Como valores absolutos no son 100% relevantes, pero sí te permitirán compararlos con los de otras viviendas que tengas en el radar.

El certificado consta de varios documentos entre los que esa etiqueta es el más reconocible, pero además incluye:

  1. El propio certificado de eficiencia energética, que consta de varias páginas con información tanto de la envolvente opaca (fachadas, principalmente), los tipos de carpinterías y vidrios de las ventanas y las características de las instalaciones tanto de calefacción, refrigeración y agua caliente.
  2. Documento justificativo del registro del certificado en el organismo encargado de la gestión del certificado energético en cada comunidad autónoma. Documento imprescindible, junto con el pago de la tasa, para que el certificado sea un documento oficial.
  3. El archivo XML para el registro telemático, un archivo informático mediante el cual la Dirección General de Industria puede “auditar” el informe y detectar posibles fraudes o errores.
  4. El informe de las medidas de mejora de coste-eficacia que genera la aplicación informática CE3X, que es la herramienta más utilizada para certificar las viviendas más comunes.

Si bien los primeros documentos son de especial interés para el comprador o arrendatario, este último, el informe de medidas de mejora, es el más interesante para el vendedor o propietario, ya que da unas pinceladas sobre cómo mejoraría la calificación energética de la vivienda con diversas medidas de rehabilitación energética.

¿Y si me sale una ‘F’?

factura eléctrica

Dado que la más eficiente es la “A” y la menos es la “G”, si estuvieses en un colegio anglosajón, estarías claramente suspenso. Pero no siempre una “F” es una mala noticia.

Las certificaciones energéticas nacieron con un objetivo: conocer el estado del parque de viviendas de nuestras ciudades.

Por eso, es más que un trámite. La certificación energética en la que has invertido un dinero que podrías haber usado en otra cosa, es información valiosa.

Valiosa para ti, comprador, porque podrás elegir la vivienda con datos que antes no estarían disponibles, asegurando que nadie te da gato por liebre.

Valiosa para ti, vendedor, porque al certificarla, recuperarás la parte de la inversión en mantenimiento que has proporcionado a tu propiedad durante los últimos años; las mejoras que hayas podido implementar, cambiando aquellas ventanas por las que entraba el aire por unas más eficientes y que, sin duda, tu nuevo inquilino o comprador valorará frente a la del vecino que no las tiene.

También es valiosa si al final te sale una “F”. No te preocupes.

Las administraciones como el Ayuntamiento de Getafe y las entidades que participamos en el proyecto EPIU Getafe Hogares Saludables, estamos considerando los datos incluidos en las certificaciones energéticas para centrar nuestros esfuerzos en las viviendas que tienen más potencial de mejora.

En muchos casos ya se está utilizando como referencia para la obtención de ayudas a la rehabilitación, que son mayores cuantas más “letras” se mejoren con la intervención y siempre es más barato y sencillo subir de una “F” a una “D” que de una “C” a una “A”.

Así que piénsalo bien cuando la contrates y a quién. Exige que los datos sean recogidos en tu casa y revisa que se incluyan todos ellos en el informe. No permitas que te la hagan a distancia y no compres duros a cuatro pesetas.

La certificación energética es una herramienta valiosa y además dura 10 año, como un colchón.

 

Autor: Fernando González Ferreira, arquitecto del proyecto EPIU Getafe Hogares Saludables de la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda (EMSV) de Getafe.

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